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Actualizado: Lunes 6 de octubre de 2008
La Juventud Idente es una organización formada por jóvenes que quieren identificarse con los grandes y nobles ideales de la humanidad, fomentando el respeto mutuo, independientemente del credo, nacionalidad, cultura o cualquier otra diferencia que se tenga. De este modo, se dedica a vivir y desarrollar las aspiraciones comunes que dignifican y realizan a la persona humana.
Su propósito es ayudar a restaurar y transformar la naturaleza y la sociedad, comenzando a nivel personal, mediante la promoción, crecimiento y manifestación de la riqueza interior que define al hombre. En la vivencia de esta riqueza, se fundamentan los valores más altos que tienen como modelo la vida y testimonio de Cristo. Todo ser humano de cualquier credo y condición puede aceptar, como hipótesis, la posibilidad de que en Él se encierre la unidad, dirección y sentido de la vida y de la historia. Por esta causa, los jóvenes identes creen que Cristo encarna, mediante la generosidad del amor, todas las virtudes e ideales humanos.
La Juventud Idente no está adscrita, según su fundador Fernando Rielo, a ninguna ideología, entendiendo por ésta la actitud de un individuo, grupo o sociedad, que reduce, excluye o fanatiza a la persona humana. Por este motivo, sus miembros potencian, frente al reduccionismo, los valores positivos; se abren, frente a la exclusión, a las creencias y mentalidades; dialogan y conviven, frente al fanatismo, con todos los seres humanos.
El lema de la Juventud Idente es “Dios, Naturaleza y Sociedad”, tres realidades imprescindibles en las que los jóvenes, guiados de su experiencia e investigación, descubren las más altas metas personales y sociales.
- Dios, suprema realidad, se manifiesta libremente en el hombre creado como experiencia de amor abierto al infinito; como sed de trascendencia hacia el absoluto; como aspiración a lo más y nunca a lo menos; como búsqueda de la auténtica felicidad, paz y libertad; como deseo de verdad, bien y hermosura. Esta honda experiencia humana, que se sintetiza en la generosidad del amor, no podría darse si Dios no estuviera presente constitutivamente en el espíritu humano infundiéndole el amor, la felicidad, la paz, la libertad, la verdad, el bien, la hermosura.
- La naturaleza, como realidad creada, se refiere al cosmos y a la vida, de los cuales forma parte el espíritu, la psicología y el cuerpo humanos. La persona se abre, con su cuerpo y sus sentidos, al cosmos; con su psicología y sus facultades, a las diversas formas de vida; con su espíritu y sus dones, a las demás personas, teniendo como fundamento la realidad personal divina que da unidad, dirección y sentido a los tres niveles de manifestación del ser humano: corporal, psicológico y espiritual. La persona tiene el don de la potestad y del dominio —con Dios— de la naturaleza. Este condominio debe ejercerlo, frente al egoísmo, por medio de la fuerza del amor; de esta manera, puede redimir, respetar y transformar la naturaleza en todos sus ámbitos —cosmos, cuerpo, vida— por medio de la creación artística, cultural, religiosa, científica.
- La sociedad , resultado de la actividad constante de los seres humanos, es el conjunto de relaciones y condiciones que debe fomentar la realización y convivencia en todas las dimensiones: personal, familiar, histórica, cultural, artística, técnica, científica, religiosa, filosófica, política. Una sociedad que no estuviera al servicio del bienestar espiritual, psicológico y físico del ser humano, degradaría en estructuras de egoísmo, injusticia, pobreza, violencia. Una sociedad que niega sistemáticamente a Dios, niega el derecho más fundamental de la persona: la razón última de su bienestar espiritual, psicológico y físico. Una sociedad que maltrata la naturaleza y no la cuida hace esclavo al ser humano desarrollando en él actitudes de agresividad y destrucción.
La Regla de Honor de la Juventud Idente es Ad Deum propter humanitatem, a Dios por medio de la humanidad. El joven idente no proclama un Dios abstracto, sino un Dios amado, pensado y deseado no sólo para sí, sino para los demás. El humanismo que proclama es considerar a la persona como “deidad mística” a imagen y semejanza de la deidad divina; en este sentido, lejos del lema hobbiano homo homini lupus (el hombre es lobo para el hombre), se invita a los jóvenes a que sigan el lema de Fernando Rielo: homo homini deitas (el hombre debe ser deidad para el hombre). Cristo mismo nos revela esta realidad en su Evangelio confirmando la Escritura: “dioses sois” (Jn 10,34). Este potencial o don deitático que el ser humano posee, en virtud de la divina presencia constitutiva del Absoluto en su espíritu, es lo que puede llevarle a alcanzar las más altas cimas de la perfección del amor.






