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Fotos del Campamento de Jóvenes 2011
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Actualizado: Lunes 19 de septiembre de 2011
Al terminar el campamento de niños, nuestra bella campa de Quintanabaldo no quedó largamente deshabitada. Todavía estaban los últimos niños esperando a sus padres, cuando ya empezaron a llegar los jóvenes de las ciudades más próximas. A lo largo del día fueron aterrizando, hasta que por la noche estuvimos todos reunidos: 29 jóvenes y 16 profesores: José Mª (Zaragoza), Belén (Granada), Bea (Valladolid), Raquel (Sevilla), Feli (Madrid), Mª José (Sevilla), Amaya (Valladolid), Loli (Málaga), Thérèse (Alemania), Elena Peces (Madrid), Mª Luisa (Illes Balears), Diego (Madrid), Iván (Barcelona), Magdalena (Sevilla) y Ruth (Madrid). Aunque también nos acompañaron durante unos días: Iranzu (Pamplona), Gabino (La Rioja), Raúl (Burgos), Cris (Madrid) y Richi (Bilbao).
La primera noche, después de unos divertidos juegos, dormimos todos en el comedor, rápidamente transformado en un dormitorio. Ya descansados, por la mañana inauguramos el campamento en el círculo delante del mastil con nuestras tres banderas. Nos repartimos, cada uno en su tienda, para conocer un poco a los que serían nuestros compañeros durante estos doce intensos días.
Por lo demás, hicimos una mañana normal: ayudar en los trabajos necesarios para mantener el campamento limpio, deportes, baño, y finalmente la comida. Por la tarde, después del tiempo de descanso, realizamos una gymkhana con los símbolos campamentales. Pasando diferentes pruebas, teníamos que demostrar que sabíamos vivir los valores necesarios para el campamento, como el trabajo en equipo, la ayuda mutua, etc… y de paso aprendimos el significado de tantos símbolos que nos rodeaban.
Parecía que iba a ser una noche normal, pero nos esperaba algo mucho mejor: después de un pequeño paseo nocturno, llegamos a un lugar en medio de la montaña donde hicimos un juego muy emocionante, que requería agilidad y estrategia. Después volvimos al campamento. La mañana siguiente nos dividimos en grupos para realizar nuestros primeros talleres y cursillos. A lo largo del campamento aprendimos a hacer cinturones de macramé y cariocas, primeros auxilios, y a bailar Cha cha cha. Lo mejor no fueron los resultados, sino el esfuerzo que estábamos poniendo todos en lograrlo.
Por la tarde preparamos nuestro primer Himno de fuego. Nos divertimos muchísimo aprendiendo bailes, obras de teatro, canciones en diferentes idiomas, inventando presentaciones para todas las actuaciones y escribiendo poesías o pintando. Por la noche todos presentamos lo que habíamos trabajado. Tanto este como los siguientes himnos de fuego se caracterizaron por un alto nivel artístico, muchísima ilusión y una buena dosis de humor, en un ambiente donde todos compartíamos lo mejor que llevábamos dentro, cosas que tal vez nunca habíamos descubierto. El viernes por la tarde llegaron Cristina Díaz, presidenta de la Oficina Nacional, y Richi, responsable de la comisión de campamentos de la Oficina Nacional, de Bilbao. Tuvimos la suerte de que nos acompañaran todo el fin de semana, compartiendo con nosotros su experiencia y, sobre todo, su alegría y generosidad. Una de las actividades que prepararon fue el rappel. En una pared de unos 6 m de altura, muy cerca de la campa, montaron con todas las medidas de seguridad lo necesario para que pudiéramos deslizarnos, bien atados, por la pendiente. Fue una aventura abandonarnos al vacío: toda una prueba de confianza.
Por la tarde nos encontramos a todos los profesores con la cara pintada de guerra, anunciándonos el próximo reto: una prueba de supervivencia. Sólo llevamos lo indispensable: saco, esterilla, agua y ropa de cambio. El campamento se dividió en cinco grupos: los Resistators, los Terminators, los Explorators, los Marchators y el grupo de profes: los Pañolators. ¡Y empezó la prueba! Para acumular puntos no era suficiente sólo con llegar de primeros: se evaluaba también el trabajo en equipo, la ayuda mutua, el buen comportamiento y el respeto hacia todos. Había quienes competían por ser los que más ayudaban a otros a cargar sus mochilas, o a repartir agua. El ambiente estaba lleno de entusiasmo e ilusión por ganar juntos. Ya no íbamos sólos: caminábamos por nuestro equipo.
En diferentes pueblos tuvimos que pasar pruebas, como investigar cosas sobre sus costumbres y habitantes, encontrar una llave o cazar renacuajos. Después de cada etapa, nos reuníamos con nuestro equipo para ver nuestras dificultades y aprender cómo mejorar. Por la noche dormimos en Puente Dey. Compartimos un lugar calentito, refugiados de la lluvia y del viento, con dos grupos de Scouts que muy amablemente nos hicieron espacio. A la mañana siguiente retomamos nuestra ruta, hasta llegar a un mirador, en lo alto de la montaña. Disfrutamos la vista espectacular y después de tomarnos unas fotos de grupo empezamos el rápido descenso. Durante casi toda la marcha nos acompañó una fina lluvia. Pero esta, más que fastidiarnos, nos refrescaba y protegía del sol. Cuando ya empezaba a anochecer empezó el escucharse la triunfante canción “We are the champions” de los primeros que llegaban al campamento. Hicimos la arriada de la bandera y se anunció el grupo ganador de la prueba. Después de una buena cena, rápidamente nos dormimos, orgullosos de la prueba que habíamos superado.
Durante los próximos días compartimos ghymkhanas acuáticas y muchos otros juegos, himnos de fuego y talleres, y diversos seminarios sobre temas tan importantes para nuestra vida como la amistad y el respeto, que nos ayudaron a vivir mejor nuestras relaciones con los demás. Posteriormente se inauguraron las Olimpiadas QJ11, con un solemne desfile de todos los grupos con sus banderas respectivas y una pequeña obra que nos evocaba las primeras olimpiadas en la antigua grecia. Las pruebas en las que compitieron todos fueron salto de longitud, lanzamiento de pesas, una maratón y un torneo de ping-pong. Fue el momento de descubrir destrezas inesperadas en muchos de nosotros. El último día celebramos los Juegos Florales, preparados con mucho tiempo y amor, con un escenario futurista que al final se llenó de color y vida. De cada área se presentaron algunas de las mejores actuaciones de todos los himnos de fuego y un elemento nuevo. La participación de todos fue admirable, y disfrutamos muchísimo, tanto viendo como actuando.
Después de la cena se entregaron los diplomas y cerramos el campamento bailando y cantando. Hubiéramos querido seguir toda la noche, compartiendo con tantos nuevos amigos que habíamos hecho, pero la salida por la mañana era muy temprano, por lo que terminamos en la madrugada con nuestra canción final: “Es ahora”.
El adiós siempre es triste, pero en el campamento se convierte en un “¡Hasta luego!” iluminado por la esperanza de que un año pasa muy rápido. ¡Nos vemos en QJ 2012!










































